Revisiones infantiles: ¿cada cuánto tiempo deben hacerse?

Escrito y revisado por Francisco Javier González Matallanos
Óptico-optometrista colegiado n.º 8240
Última revisión profesional: 8 de agosto de 2026

Información profesional actualizada

La detección visual temprana es importante, pero un problema visual no debe presentarse como causa general del fracaso escolar, la dislexia o las dificultades de aprendizaje. El cribado identifica señales de riesgo; si hay hallazgos, se necesita una exploración completa y coordinación con pediatría u oftalmología.

Ya hemos establecido la importancia de acudir a las revisiones oculares para mantener una correcta graduación en nuestras gafas o lentillas. Pero, ¿qué ocurre con los niños?¿Cuándo deben acudir por primera vez al optometrista y con qué frecuencia deben realizarse revisiones infantiles oftalmológicas? En nuestro post vamos a hacer despejar las dudas más comunes que los padres suelen tener en este tema.

Las primeras revisiones infantiles

Aunque la mayoría de adultos es consciente de la importancia que tiene una correcta salud visual para los niños para evitar futuros problemas de visión o problemas de adaptación o aprendizaje, muchos dudan acerca de cuándo deben acudir al oftalmólogo por primera vez. Durante los primeros meses de vida, el pediatra es el encargado de realizar las primeras exploraciones con el fin de detectar posibles patologías congénitas que pudieran afectar a la vista del bebé, como cataratas o algún tipo de problema en las áreas visuales del cerebro.

Una vez descartados y/o tratados ese tipo de problemas, y hasta los dos años y medio, conviene realizar revisiones en el caso de que el niño presente alguna anomalía. Estas pueden ser problemas para ver de lejos o de cerca, o cuando notamos que uno de los ojos tiene una desviación. A través de las revisiones infantiles se pueden descartar o tratar problemas tan comunes como el estrabismo o la ambliopatía. Por esta razón es posible ver a bebés de un año que ya llevan gafas.

En torno a los 3 años

Las primeras revisiones infantiles deberían realizarse en torno a los 3 años, aunque no haya una fecha exacta establecida para ello. Excepto en los casos en los que ya haya habido algún defecto visual, este es el primer test en el que se mide la agudeza visual del niño. En este examen se comprueba la existencia de problemas refractivos, es decir, hipermetropía, miopía o astigmatismo. Además de la visión, se comprueba el alineamiento de los ojos.

La importancia de esta prueba se debe al momento en el que se realiza. Tiene lugar en la etapa en la que comienza al colegio, por lo que es vital detectar posibles problemas visuales que dificulten su aprendizaje. En muchas ocasiones, un defecto que podría solucionarse fácilmente con las lentes adecuadas provoca incluso el distanciamiento social del niño, que no logra aprender a leer o escribir con la misma facilidad que sus compañeros.

De los 4 a los 10 años

Una vez que se el oftalmólogo ha evaluado al niño en el primer examen, lo correcto sería acudir a las revisiones infantiles con una frecuencia anual. De esta manera se puede realizar un seguimiento de la salud ocular y de la agudeza visual, que no alcanza el 100% hasta los 7 u 8 años.

Aunque el niño no presente ningún problema aparente, es importante que acudan a las revisiones anuales. Existen indicativos muy claros de que tiene dificultad para ver correctamente, como el hecho de que se siente demasiado cerca de la tele o entrecierre los ojos al mirar de lejos. Sin embargo, existen defectos como el ojo vago que no se detectan tan fácilmente. Para evitar que vayan a más y ponerles solución, debemos asegurarnos de que la salud visual de los pequeños evoluciona como debería.

Estas revisiones son aún más importantes cuando los niños ya han sido evaluados y llevan gafas correctoras. En estas citas anuales, el profesional puede ver si es necesario adaptar la graduación o si el problema está corrigiéndose o ha empeorado.

De los 10 a los 16 años

A partir de los 10 años las revisiones infantiles pueden realizarse cada dos años. El momento más aconsejable para hacerlo (aunque no es mandatorio) es durante el verano, antes de que comience el nuevo curso. Así pueden descartarse posible problemas de rendimiento escolar. No obstante, siempre que se detecten síntomas de problemas debe acudirse al optometrista, sin importar si ha pasado el tiempo adecuado desde la última revisión.

¿Quieres saber si ha llegado la hora de que tu hijo acuda al optometrista? En Óptima Visión somos profesionales en nuestro campo y estamos deseando ayudarte para que tengas la mejor salud visual. Ponte en contacto con nosotros y solicita una cita, resolveremos todas tus dudas.

Fuente y revisión profesional

Contenido revisado el 8 de agosto de 2026. Información general; no sustituye una exploración, diagnóstico o tratamiento individual.

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