En el campo de la oftalmología existen multitud de términos desconocidos para la amplia mayoría del público. Uno de ellos es la leucocoria, una condición también conocida como pupila blanca o pupila de gato amaurótico. Aunque no es una afección en sí misma, es un indicativo de que quien la presenta está sufriendo una patología, en muchos casos sin diagnosticar. Por eso es tan importante saber qué es, qué la provoca y cómo se trata.

Leucocoria: pupila blanca

Leucocoria significa, literalmente, “pupila blanca”. El término procede del griego, uniendo leukos, que se traduce como ‘blanco’ y korê, cuya traducción es ‘pupila’. Como su nombre indica, se trata de una coloración blanca de la pupila cuando esta refleja la luz, principalmente debido a ciertas lesiones intraoculares. Cuando un ojo “normal” es iluminado de forma directa, el fondo aparece de un tono rojizo. En aquellas personas que sufren leucocoria, el reflejo que devuelve es de color blanquecino. En muchos casos también es conocido como pupila de gato amaurótico, ya que recuerda al efecto que los ojos de estos animales cuando les iluminan los ojos en la oscuridad.

Este tipo de condición se detecta fácilmente en las revisiones rutinarias, al examinar al paciente con un retinoscopio o al comprobar el fondo de ojo. Otra de las formas de descubrir que una persona presenta leucocoria es al hacerle una foto con flash. El comúnmente conocido hecho de “salir con los ojos rojos” en una fotografía significa que no tenemos leucocoria, por eso cuando el reflejo del flash es blanco en uno o en los dos ojos tenemos que acudir a nuestro especialista, ya que es un síntoma de que algo está ocurriendo. Es especialmente importante acudir con urgencia al oftalmólogo en el caso de que se presente en niños. El especialista debe descartar o diagnosticar posibles enfermedades oculares que estén afectando a los pequeños y que pueden dañar su salud ocular, en pleno desarrollo.

¿Qué causa la leucocoria?

Como hemos visto al inicio de nuestro post, la leucocoria no es una enfermedad en sí misma, sino que se trata de un síntoma. Existen multitud de patologías o defectos que pueden provocar su aparición, entre ellos:

  • Cataratas.
  • Desprendimiento de retina.
  • Ambliopatía u ojo vago.
  • Retinoblastoma o tumores intraoculares.
  • Displasia de retina
  • Uveitis.
  • Anomalías vasculares retinianas.
  • Infecciones intraoculares.

En cualquier caso, es de suma importancia acudir al oftalmólogo en el momento en el que la detectamos. En cuanto a su tratamiento, este estará ligado al problema subyacente que la está provocando. Por lo tanto, no existe un curso de acción específico para eliminar la leucocoria, sino que esté deberá ser el indicado para la patología presente. Sin embargo, como ocurre en la práctica totalidad de las patologías, es importante una detección precoz para que el tratamiento sea el adecuado y los daños, mínimos. ¿Aún no has reservado cita para tu revisión anual? No esperes más y hazlo ya, estaremos encantados de recibirte.